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Acabar con los atascos con menos carriles

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001 520x24062 Acabar con los atascos con menos carriles

Transportando 200 personas por la ciudad, vemos que el transporte público ocupa mucho menos espacio.

Algunas veces, como ha sucedido con el plan de tranvías para Madrid, en ecomovilidad.net defendemos que una manera de aliviar el tráfico de una calle colapsada es… quitar carriles de coches. En esas ocasiones no falta quien nos toma por locos: “¡Si lo que habría que hacer es justo lo contrario! ¿No veis que el problema es precisamente que no caben todos los coches que deberían?”. Pero nosotros no proponemos quitar carriles porque sí, simplemente por disfrutar viendo a los coches atascados. Cuando una calle está colapsada, al borde de su capacidad y apenas caben más coches, hay básicamente dos soluciones para tratar de solucionar el problema. Veamos cuáles.

Solución A: Crear otro carril más de coches

Esta es la primera solución que se nos ocurriría a cualquiera, y la que lamentablemente primero se les viene a la cabeza a nuestros gobernantes. ¿Que no hay espacio para los coches? Pues hagamos otro carril más. Generalmente en carreteras que atraviesan el campo esto es relativamente sencillo, pero en plena ciudad la cosa se complica. Todo el espacio está adjudicado (un 80% del mismo a las vías de circulación). ¿De dónde sacamos sitio para otro carril más? Sólo nos quedan como opciones restarlo de las aceras o de las zonas verdes. Bueno, y si nos ponemos muy radicales, podemos tirar una fila de edificios.

¿Cuál es el problema de esta solución? Que en realidad no es tal. Si hay muchos coches y les damos un carril más, ¿cuánto tardará en colapsarse también? ¿Un mes, seis meses, cinco años? Aunque parezca que nunca se van a llenar, está demostrado que más carriles atraen a más coches: al poder circular en un primer momento con más comodidad, muchos de los ciudadanos que optaban por el transporte público pasarán a coger su coche. Y es que los coches se comportan como el gas: ocupan todo el espacio que les das. ¿Y qué haremos entonces, cuando llegue el fatídico momento y se repita el problema? ¡Que apechuguen los que gobiernen en ese momento! Siempre se puede recuperar la idea de tirar casas… y vuelta a empezar. No hemos solucionado el problema: sigue el atasco y ahora tenemos menos espacio para peatones (o zonas verdes, o lo que hayamos quitado para aumentar los carriles). Ah, y más ruidos y contaminación. Una solución de lujo, vamos.

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Solución B: Quitar uno de los carriles de coches

Se oyen gritos nerviosos, olas de pánico. La gente por lo general no suele reaccionar bien cuando se le comenta que una solución para los atascos es… quitar un carril de tráfico privado. Pero no porque seamos mala gente y queramos poner el dedo en la llaga, no. Se trata de aprovechar lo que ya tenemos, la superficie dedicada a los medios de transporte, y hacerla más eficiente. Así que antes de gritar, déjanos que te expliquemos qué haríamos con ese carril que hemos quitado a los coches.

¿Cuál es el problema de una calle atascada? Que no puede transportar a tanta gente como debería. Gente que está metida en sus coches. ¿Y si buscamos una manera más eficiente de mover a esa gente? Con el mismo espacio que ocupan veinte o treinta coches (unas 36 personas, según las estadísticas de ocupación de los coches en Barcelona), podemos transportar a más de 150 en un tranvía, por ejemplo. Por lo tanto, un carril de coches transporta menos gente que un tranvía: cuando los coches han alcanzado su límite, podemos poner un tranvía con buena frecuencia que mueva mucha más gente de la que cabría en ese mismo carril por otros medios. Y el potencial de ampliación de frecuencias siempre será muy superior. Y quien dice un tranvía, dice un autobús con carril reservado, ya que aunque la calle esté atascada no siempre habrá demanda para un transporte de media-alta capacidad.

 Acabar con los atascos con menos carriles

Ante esta solución, algunos siguen protestando. “Poner transporte público no soluciona los problemas del atasco”. Ante esto, pareciera que quienes usamos el transporte colectivo y quienes no fuésemos de especies diferentes, incompatibles, que no pudiesen mezclarse. Llegó el momento de desvelar el gran secreto de ecomovilidad.net: pretendemos que muchos de los que usan el coche dejen de hacerlo para pasar al transporte público. Eso nos beneficiaría a todos.

Cuando se le ofrece a alguien una alternativa cómoda y rápida para hacer el trayecto que hace atascado en su coche y no la aprovecha, poco más podemos hacer. Moverse en coche no es un derecho (y lamentamos informar que aparcar en la puerta tampoco lo es).

¿Y los que necesitan utilizar su coche?

¡Esos son los principales beneficiados de nuestra idea! Si sólo utilizaran el coche los que lo necesitan (hablamos de necesitar, no de capricho o comodidad) habría espacio para todos. El problema es que muchas veces la gente pone muy baja la barrera de la necesidad y consideran como tal cualquier cosa. Asómate a la ventana y observa los coches (la inmensa mayoría ocupados por una persona, como ya hemos dicho, la tasa de ocupación en Barcelona es de 1,2 personas por coche). ¿Cuántos de ellos crees que…

    … van y vienen de lugares en los que no hay absolutamente ningún transporte público?…transportan material de gran tamaño?
    … necesitan el coche para su trabajo de manera     imprescindible?
    … no pueden moverse de ninguna otra manera? (no hablamos   de “huy, qué imagen voy a dar al mundo si uso el autobús” o “el metro es de pobres”. Esa gente en realidad tiene un problema, pero no es de movilidad).

¿Y si hacemos metro? ¿no puede haber un tranvía soterrado que no moleste?

Esta solución les encanta a los que usan su coche, porque así los que apostamos por el transporte público vamos bajo tierra y no afectamos a sus carriles. No decimos que el metro sea malo, es un medio de transporte más, pero es carísimo de construir y mantener, y sólo resulta rentable en áreas metropolitanas de muchos cientos de miles de habitantes.

Muchos de los usuarios del transporte público que piden metro en su zona lo hacen con la esperanza de que sus vecinos dejen de usar el coche… y así disfrutar de menos atascos en la calle del ejemplo. Porque consideran que la calle es intocable, y propiedad del coche, por supuesto.

La elección del metro, o de soterrar un tranvía, deben ser decisiones que tomen los técnicos, y no simplemente motivados porque “molesten a los coches”. En realidad son los coches los que molestan a la movilidad. El autobús y el tranvía no son la causa de los atascos, sino su solución. Y un medio que ayuda a la ciudad se ha ganado, con más derecho que el coche, su espacio en la misma.

Los atascos son un problema de espacio (además de ruidos y polución). Por lo tanto, su solución sólo puede venir aprovechando mejor el espacio que hay. Y ya está inventado: el transporte público en plataforma reservada.

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Sobre el autor
Licenciado en Comunicación Audiovisual, redactor y coordinador de proyectos en redes sociales.

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