El la última del Ayuntamiento de Madrid: Convertir los 52 millones de euros de inversión en el Anillo Ciclista en una gigantesca acera roja de 62 kilómetros. Si señores, después de la expulsión de la bicicleta de Madrid Río (a pesar de que la creación de un eje que mejorase la movilidad ciclista era un objetivo básico del proyecto) ahora vamos en la misma senda pero en el Anillo, infraestructura creada específicamente para este colectivo. Si el problema es que la gente cruza arbitrariamente segreguen el carril con setos o vallas, pero no lo limiten. Sería absurdo limitar la M-30 a 20 km/h porque la gente cruza saltándose todas las normas, ¿verdad? pues aquí se ha hecho eso.
Una vez más el Ayuntamiento de Madrid demuestra su falta de inteligencia y de sensibilidad, condenando al ostracismo a un medio clave, como es la bici, en la reducción de gases de efecto invernadero.


