El Poblenou devuelve las aceras a los peatones

Con la puesta en marcha del área verde en el Poblenou el pasado 1 de julio, el Ayuntamiento de Barcelona hizo público que próximamente las motos no podrán aparcar en las aceras de esta zona. Esta decisión se ha tomado una vez que se han creado en las últimas semanas 2.000 plazas de aparcamiento para motocicletas en calzada en la zona y habiendo instalado más de 600 señales para indicar la prohibición.

Concretamente, esta limitación está en los barrios de Poblenou, Diagonal Mar i el Front Marítim del Poblenou y Provençals del Poblenou, entre la Gran Via de les Corts Catalanes, la Avinguda Diagonal, el Passeig García Faria, la Ronda de Dalt y las calles Bilbao, Pallars, Josep Pla, Llull, Selva de Mar, Badajoz, Pere IV y Llacuna, como se puede ver en la siguiente imagen:

El fomento de la movilidad en moto que se produjo principalmente en los años 80 ha acabado haciendo de Barcelona la segunda ciudad europea, después de Roma, con más motocicletas y ciclomotores de Europa, con un total de 266.000, o, lo que es lo mismo, con cerca de 200 motos por cada 1.000 habitantes.

Forzado por las circunstancias, durante la última década el Ayuntamiento ha ido regulando y limitando el aparcamiento de motos, hasta el punto de crear durante el 2009 más de 22.000 plazas de aparcamiento en calzada o subterráneas, de manera que se han podido ir dejando libres, para uso ciudadano, aceras y otros espacios públicos.

Según ha indicado el consistorio barcelonés, el distrito de Ciutat Vella será el siguiente punto en que se restringirá el aparcamiento de motos en las aceras, lo cual es especialmente relevante por el intensísimo uso del espacio público en esta zona.

Las políticas que, hasta hace unos años, incentivaban el uso de la moto fueron, a nuestro entender, erróneas, ya que no acabaron con la congestión y se agravaron problemas incipientes o surgieron nuevos, como la mayor contaminación acústica y atmosférica y el aumento de la accidentalidad. Desde ecomovilidad.net Barcelona nos felicitamos, pues, por el hecho de que, según parece, el Ayuntamiento de Barcelona ha abandonado definitivamente las políticas que, de una manera más o menos evidente, facilitaban la circulación y el aparcamiento indiscriminado de motocicletas y ciclomotores en las calles de la ciudad.

Queda, sin embargo, mucho por hacer. La iniciativa que ahora da sus primeros pasos en Poblenou y que se vislumbra en Ciutat Vella resulta esperanzadora pero, de momento, no es más que un pequeño oasis en una ciudad en la que, desgraciadamente, a menudo el peatón no recibe la atención y el respeto que merece. Caminar es un derecho universal y todo el mundo (urbanistas, ciclistas, policía local, motoristas …) debe hacer posible que lo podamos ejercer sin dificultad.

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