Los trabajadores y trabajadoras, las empresas y la movilidad sostenible [y segura]

Siempre que hablamos de movilidad sostenible [y segura], encontramos un buen número de argumentos que señalan que este tipo de movilidad es la más adecuada para que los trabajadores y trabajadoras accedan a su centro de trabajo. Y todos nosotros tenemos una serie de propuestas para ayudar a fomentar esta movilidad de forma que se reduzcan las emisiones y que sean desplazamientos más eficientes, más económicos, más rápidos, más cómodos…

Pero muchas veces olvidamos la segunda parte de la premisa: que también sean seguros. La accidentalidad in itinere, aquella que se produce durante los desplazamientos del domicilio al lugar de trabajo y viceversa, sigue siendo una lacra en el mundo laboral y en nuestra sociedad porque los accidentes de tráfico son una de las consecuencias negativas del aumento exponencial que ha experimentado en las últimas décadas el número de vehículos en circulación y de desplazamientos laborales. Según datos del Ministerio de Trabajo e Inmigración, durante el año 2008 se produjeron más de 800.000 accidentes de trabajo con baja, de los que un 11.2% fueron accidentes in itinere en vehículo privado. Si bien en los últimos años la tendencia es que el número de accidentes laborales con baja y los mortales disminuyan de forma acusada, los accidentes in itinere han seguido la tendencia contraria, aumentando de forma considerable.

Esto ha hecho que la movilidad se convierta en un factor de riesgo laboral añadido para millones de personas: perder tiempo de descanso para conseguir evitar los atascos en las horas punta, soportar las condiciones de tensión y estrés en momentos de congestión de tráfico, la presión que supone el horario de entrada al trabajo, no encontrar lugar de aparcamiento, etc., son algunos de los efectos negativos que soportan diariamente miles de trabajadores y trabajadoras.

Ante esta situación las empresas deberían «ponerse manos a la obra» y buscar sistemas para evitar estos accidentes. Que los trabajadores y trabajadoras dependan menos del coche supone menos riesgo de accidente, menos jornadas laborales perdidas, menos retrasos y un evidente incremento de la productividad, un valor añadido del que nuestra economía está muy falta. Pero no. Las empresas prefieren mantenerse al margen y continuar con la política, fomentada hasta no hace mucho tiempo por la Administración, de que la forma de llegar al trabajo de los trabajadores y trabajadoras «es asunto suyo».

Desde hace unos años, cuando comenzó a hablarse de la movilidad sostenible, algunos agentes sociales, como CCOO de Catalunya, empezamos a añadir el concepto de movilidad sostenible [y segura]. Y seguimos luchando para que los accidentes in itinere se conviertan en un riesgo laboral plenamente reconocido y para poner los medios que nos ayuden a evitarlos: mejorar el transporte público, la accesibilidad a pie y en bicicleta, el transporte de empresa, el coche compartido y, en definitiva, la gestión sostenible de la movilidad.

Pero son más las consecuencias de este modelo de movilidad ineficiente, insostenible e inseguro, que muchas veces van más allá de las directamente relacionadas con la siniestralidad laboral.

La dispersión de los polígonos industriales y centros de actividad económica sobre el territorio, con un ineficiente sistema de transporte público (cuando no directamente inexistente), ha hecho del coche la única alternativa que tienen muchos trabajadores y trabajadoras para llegar al trabajo y ello afecta gravemente a las posibilidades de acceso a determinados puestos de trabajo para colectivos que se ven gravemente afectados por esta situación: mujeres, jóvenes e inmigrantes extracomunitarios son los que tienen más dificultades para acceder al carnet de conducir o al uso habitual del vehículo privado. La consecuencia inmediata de este fenómeno es que el mercado de trabajo se vuelve más reducido para quienes no disponen de coche, pero afectando también a la productividad de las empresas que se pueden encontrar con la situación de no poder contratar a la persona más adecuada por un puesto de trabajo, por la sencilla razón de que no puede acceder al centro de trabajo.

Pero el actual sistema de movilidad también tiene otros impactos que se deben tener en cuenta. Por ejemplo, los impactos ambientales, con unos niveles de emisiones contaminantes que afectan gravemente la salud de los ciudadanos y ciudadanas y unos niveles de ineficiencia energética que nos hacen cada vez más dependientes de un combustible cada vez más escaso y caro. O los impactos económicos relacionados con la pérdida de competitividad de las empresas y los costes individuales y colectivos de la movilidad.

Todo ello hace necesario que nuestra sociedad y nuestro tejido productivo empiece a plantearse, muy seriamente, la necesidad de cambiar radicalmente nuestro modelo de movilidad. Es imprescindible que todos empecemos a pensar en ella como una movilidad sostenible-y-segura.

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