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Eco-driving, ese gran desconocido (I)

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Afortunadamente, aunque aún no seamos completamente conscientes, muchos ya conocemos las externalidades negativas del tráfico rodado: consumo energético, problemas de espacio, ruido, y un largo etcétera. Entre sus impactos, no olvidemos el de las emisiones, y más aún cuando estamos en pleno “mes crítico de contaminación” (recordad los episodios de contaminación de octubre del año pasado).

Unos datos:

  • En Europa: según la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA, 2013), el 93% de las emisiones del sector transporte provienen del transporte por carretera, que a su vez suponen un 20,4% del total de emisiones.
  • En Europa: el sector transporte es el segundo sector del mundo que aporta más emisiones de CO2 al total (un 23%), de las cuales un 73% son atribuibles al transporte por carretera (ITF/OECD, 2010).
  • En Europa: el 70% de las emisiones totales se generan en las ciudades (IEA, 2009), provenientes de los sectores vivienda y transporte.
  • En España: el sector transporte contribuye con el 41% de emisiones de CO2 sobre el total (ITF/OECD, 2010), y se encuentra entre los ratios más altos de Europa de consumo de energía del transporte per cápita.

Una vez introducido el problema, nos centraremos en una medida que ayudaría enormemente a mitigar esta situación: la conducción eficiente (o eco-driving). Seguro que alguna vez habéis escuchado hablar de este término, pero incomprensiblemente apenas se pone en práctica. Según una encuesta de la Fundación para la Eficiencia Energética de la Comunidad Valenciana, solo el 12% de conductores aplica técnicas de conducción eficiente en ciudad.

Esta medida se incluyó en los Planes de Acción 2005-2007 y 2008-2012 del IDAE (donde se esperaba ahorrar entre un 5% y un 7% del total de energía consumida en el sector transporte). En el Plan de Acción 2011-2020 ha pasado a tener un papel fundamental (se estima un ahorro del 25,4% de energía en el horizonte 2016 y del 21,4% en el horizonte 2020).

¿Qué es la conducción eficiente (o eco-driving)?

Ya explicamos en qué consiste este concepto allá por 2011. Se trata de seguir una serie de pautas de conducción (muy sencillas una vez se interiorizan), con el objetivo de reducir el consumo de combustible y las emisiones asociadas. Bien y, ¿cuáles son estas pautas?:

  • Anticiparse a cambios de tráfico (por ejemplo, dejar de acelerar si un semáforo está en rojo).
  • Mantener una velocidad constante.
  • Acelerar y frenar suavemente.
  • Circular en un régimen bajo de RPM, lo que conlleva a cambiar de marcha en torno a las 2.000 RPM.
  • Circular a velocidades en torno a 80 km/h (donde se encuentra el óptimo de consumo). Si extrapolamos esta norma al entorno urbano, hay que intentar circular a una velocidad alta respetando los límites (y recuerda, manteniéndola constante).
  • Circular sin acelerar y con una marcha engranada (en bajadas y aproximaciones a semáforos/intersecciones). El consumo es prácticamente nulo. En definitiva, hay que evitar poner punto muerto con demasiada antelación al punto de parada.
  • Apagar el motor si el tiempo de parada es superior a 1 minuto.
  • Bajar la ventanilla antes que encender el aire acondicionado (el consumo adicional de combustible con AC es del orden de 5 veces superior a circular con la ventanilla bajada).
  • Vigilar la presión de los neumáticos.

En este punto, alguien podría pensar que si las recomendaciones están siempre relacionadas con conducir de una forma “prudente”, el tiempo de viaje podría aumentar. Pero no es así. El proyecto europeo ICT-Emissions (con un caso de estudio de conducción eficiente en Madrid), demuestra que el tiempo de viaje no se ve modificado.

Y ahora, la pregunta del millón: ¿qué beneficios conlleva seguir estas indicaciones? En la segunda parte del post incidiremos sobre este aspecto, distinguiendo entre coches particulares y autobuses.

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8 thoughts on “Eco-driving, ese gran desconocido (I)

  1. Estas frases deberían ponerse en un cartel donde los surtidores de las gasolinas y los conductores, mientras están llenando sus depósitos, podrían ir leyéndolas. Y así, con el tiempo, lo interiorizarían todos.

  2. Sobre bajar la ventanilla frente a poner el A/C, ¿el consumo adicional es 5 veces mayor que el que provoca la pérdida de aerodinámica por llevar las ventanillas bajadas? ¿A qué velocidad se ha medido esto? Pues las pérdidas por llevar las ventanillas bajadas sube exponencialmente con la velocidad…

    1. Efectivamente. El ratio depende de la velocidad, de si las ventanillas están parcial o totalmente bajadas, de la temperatura del aire, etc. Hay bastantes estudios científicos al respecto, aunque parezca mentira. El ratio que indicamos corresponde a un valor medio en ámbito urbano, para hacernos una idea del orden de magnitud.

      1. En ámbito urbano (30-50 Km/h con paradas frecuentes) tiene sentido que las pérdidas de aerodinámica sean despreciables, por lo que el gasto del A/C frente a algo despreciable es normal que sea tan alto. Distinto escuando se circula por carretera o autovía a 80-120 Km/h, dado que aquí las pérdidas por llevar las ventanillas abiertas, aunque sólo sea unos centímetros, son altas por las turbulencias que generan.

        Tampoco hay que olvidar que en vehículos híbridos, la calefacción supone un aumento del consumo de combustible, por cuanto necesita quemar gasolina para calentar el vehículo. Por lo que es importante no abusar de ella.

        Por otro lado, es importante remarcar que la climatización se considera una medida de seguridad activa pues una temperatura inadecuada en el interior del vehículo provoca somnolencia y falta de atención.
        http://www.circulaseguro.com/que-es-la-climatizacion/

        En mi opinión, con temperaturas exteriores fuera de los 18-25 ºC o en carretera, lo recomendable es llevar las ventanillas bajadas y la climatización puesta, pero a mínima potencia, de forma que tarde más en llegar a la temperatura objetivo. Muchos coches híbridos tienen un botón “ECO” que reduce el consumo de la climatización a costa de hacerla más lenta.

        Saludos!

  3. Hola, vivo en Madrid desde hace un par de semanas y la sensación que he tenido es que uno de los principales enemigos del eco-driving son los semáforos. Soy italiano y por primera vez en mi vida he visto semáforos en las rotondas. Italia se ha llenado de rotondas para quitar los semáforos y no se tarda nada en atravesarlas. La rotondas en Madrid tienen semáforo al entrar, semáforos en la rotonda y semáforo al salir (ejemplo: P. Castilla). Otra cosa que me ha sorprendido es que, yendo por una calle principal hay un semáforo en rojo cada dos por tres. En mi ciudad, Padua, se aplica la «ola verde»: Si entras en la calle principal, yendo a 50km/h, no vas a encontrar ningún semáforo en rojo. Conduciendo en Madrid no hago más que acelerar y frenar, es frustrante y nada ecológico.

    1. Por eso en Madrid es mejor circular en bici, ya que la velocidad media de los coches es similar a la de la bicicleta y encima más ecológico.