En bici pública por Copenhague

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Hace unas semanas visité por tercera vez la capital danesa, considerada la ciudad más amiga de la bici del mundo. Como profesional de la movilidad sostenible, no podía marcharme otra vez sin haber probado la experiencia ciclista, así que decidí dar un paseo en bici pública por Copenhague.

Asumo que de esto ya se habrá escrito mucho, pero me parece interesante añadir mi punto de vista, que creo que es novedoso. Y es que no soy ciclista habitualni tengo intención de serlo en el futuro próximo. Conste que defiendo absolutamente todas las actuaciones en favor de la bici y la movilidad sostenible. Pero me encanta el transporte público y no renunciaría a las oportunidades que me da para leer, pensar, organizarme, o incluso escribir posts como este.

Y además soy un novato en cuestiones ciclistas que ni siquiera ha probado los sistemas de bici pública de Londres (donde vivo) o Madrid (donde crecí). Por lo tanto, mi experiencia creo que es ilustrativa porque está exenta de expectativas.

La experiencia

Lo primero era enterarse de cómo funciona el sistema. Curiosamente, una cosa que me llevó más tiempo de lo esperado fue encontrar en internet el nombre comercial del sistema de bicis públicas (Bycyklen), ya que los primeros resultados de la búsqueda me dirigían a empresas privadas.

Una vez en la web, solo había que crear un perfil de usuario muy rápido con nombre de usuario, contraseña y los datos de una tarjeta bancaria.

La primera grata sorpresa fue descubrir que se pueden reservar bicis en cualquier estación durante media hora, con lo que da tiempo a llegar a recogerla con la seguridad de que el viaje no es en balde. Así que eso hice antes de salir de casa y me puse en marcha.

Al llegar a la estación, el inicio del viaje fue muy sencillo. Gracias a las tabletas que traen incorporadas todas las bicis, uno escribe su nombre de usuario y contraseña en cualquiera de ellas y esta se desbloquea y comienza el alquiler.

Otra gran sorpresa es que esas tabletas incorporan otras funciones muy útiles, como un navegador, un sistema para avisar de fallos, o acceso a tu página personal.

Una vez en marcha, el viaje es una delicia. Las bicis son cómodas y cuentan con pedalada asistida con un pequeño motor eléctrico, lo que ayuda a mantener una velocidad adecuada al tráfico y a desplazarse en contra del intenso viento que con demasiada frecuencia corre por Copenhague.

Además, la mayoría de las calles de Copenhague cuentan con infraestructura ciclista, ya sean carriles bici, semáforos y cruces separados, etc., lo cual hace el viaje mucho más seguro y agradable.

E incluso se percibe una cultura donde la bici es respetada por los otros usuarios, tanto coches que moderan la velocidad cuando comparten calles con los ciclistas como peatones que no invaden los carriles bici. En general (aunque esto puede ser porque mi paseo fue un domingo y no por el centro de la ciudad) se ve una ciudad calmada y no estresada, lo cual siempre ayuda a la movilidad.

Buenas prácticas que imitar

En base a esta experiencia, destacaría los siguientes aspectos como lecciones que otros sistemas deberían aprender de Copenhague.

  • La reserva anticipada me parece un aspecto brillante, ya que permite planificar el viaje e integrarlo más fácilmente dentro de un circuito que pueda incluir otros modos, además de eliminar el estrés que puede causar ir acelerado hasta una estación cuando se necesita una bici pero no se sabe si se llegará a tiempo de encontrar una libre.
  • La infraestructura ciclista es esencial para que una ciudad pueda volcarse a la movilidad en bicicleta a largo plazo, ya que es la única manera de conseguir confianza y seguridad en toda la población ciclista. Los carriles bici permiten que uno pueda circular lento o rápido, llevando a los niños o la compra en un remolque, sin preocuparse de ser atropellado, y sin el estrés de tener que mantener una velocidad mínima para no ralentizar el resto del tráfico, lo cual es difícil en ciudades muy ventosas como Copenhague o con muchas cuestas como Madrid.
  • No obstante, la cultura y la importancia de la educación vial también son fundamentales. En vías compartidas, los usuarios más rápidos siempre respetan a los más lentos. Pero a los ciclistas también se les exige por ejemplo que señalicen sus movimientos y sean estrictos con las reglas. En mi caso, mi amiga a la que visitaba (que apenas lleva unos meses en Copenhague) me insistió en que imitara todo lo que ella hacía con los brazos porque no señalizar está muy mal visto.
  • El hecho de que las bicis sean eléctricas creo que ayuda mucho a los ciclistas menos expertos en cuanto a esfuerzo y para mantener una velocidad adecuada, especialmente en condiciones desfavorables como fuertes vientos o cuestas.
  • Finalmente, el servicio alcanza la excelencia con la incorporación del navegador, que permite una vez más generar confianza en el usuario, que podrá enfocar su atención a la circulación y no distraerse para orientarse, lo que es beneficioso para la seguridad de todos.

¿Cuál es tu experiencia con este u otros sistemas de alquiler de bici pública? Cuéntanoslo en un comentario o en nuestro Twitter @ecomovilidad.

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One thought on “En bici pública por Copenhague

  1. Relacionado, aunque no tiene tanto que ver con el fondo del tema. Si no recuerdo mal, el concurso para construir las nuevas bicicletas públicas de Copenhague lo ganó un empresario catalán, y con ese proyecto seguro acudió a varias entidades bancarias a por financiación, y al final.. tuvo que tirar la toalla por falta de financiación, porque nadie lo apoyó, y se lo llevó otra empresa extranjera.

    Saludos.