El Patrimonio Histórico en Metro de Madrid (1)

Tradicionalmente, las quejas y molestias de los viajeros han sido el principal campo de batalla con el que han tenido que lidiar los dirigentes de Metro de Madrid S.A.. Pero de un tiempo a esta parte ha ido surgiendo otro foco de malestar que amenaza con empañar la imagen de Metro: la gestión del patrimonio histórico que asesora.

Esto se debe, en síntesis, a dos cuestiones: el transporte público, por su omnipresencia en el día a día, acaba formando parte del paisaje e imaginario colectivo de las ciudades, siendo uno de los componentes que les da identidad. Por otro lado, una empresa como Metro, que acumula más de un siglo de funcionamiento, no solo ha dejado una impronta bastante grande en la ciudad (¿Quién imagina Madrid sin su Metro y el rombo?) sino que cuenta con toda una serie de elementos heredados de décadas anteriores que poseen un gran valor histórico.

Estación de Cité del Metro de París, con su decoración y estructura originales. [Fuente: Wikipedia ]
Estación del Metro de Budapest, cuya decoración original fue restaurada de cara al 100º de su inauguración. Hoy es Patrimonio de la Humanidad. [ Fuente: Wikipedia ]

Ciudades de nuestro entorno como París, Londres, Viena, Berlín o Budapest han demostrado que es perfectamente posible proteger el patrimonio histórico (incluyendo intervenciones para recuperar elementos perdidos) y a la vez mantener un servicio ferroviario moderno y ajustado a las necesidades de sus ciudades. Madrid, sin embargo, ha mantenido desde hace muchas décadas una política bien diferente, donde la «modernización» y el «progreso» se han entendido siempre como contrapuestos a la conservación de los elementos históricos. Esto no se ha traducido tanto en la destrucción física de espacios como en profundos cambios en el acabado de las estaciones que han alterado profundamente su imagen. Mención especial para el caso del vitrex, los panales de plástico de colores con los que Metro empezó a redecorar las estaciones en el siglo XXI y que provoca que las estaciones históricas tengan la misma apariencia que las recién construidas, con el impacto que ello conlleva en la percepción y valoración de las estaciones históricas como lo que son, cosa que no sucede en las de las ciudades antes mencionadas, donde las estaciones históricas han mantenido o recuperado su decoración original, haciendo de ella un valor para sus respectivas ciudades.

En esta serie de artículos vamos a hacer un breve repaso de algunos de los hechos recientes, que no son más que los últimos de una larga lista de estaciones y elementos maltratados o destruidos.

Obras de ampliación de los andenes en la estación de Estrecho, en 1964. Para aquella fecha muchas estaciones conservaban aún el diseño de Antonio Palacios, entonces considerado anticuado, y que fue definitivamente barrido en aquellos años, privando a Madrid de lo que hoy seguramente sería un patrimonio muy apreciado. [Fuente: Juan Miguel Pando, Archivo Pando, IPCE, Ministerio de Cultura y Deporte].

Sevilla

La estación de Sevilla era una de las más interesantes dentro de la red histórica del Metro (1919-1936). No solo porque, al igual que todas las pertenecientes a la Línea 2, mantiene el tamaño original con que fueron diseñadas las primeras estaciones, sino porque conservaba la disposición original de accesos, algo que muy pocas estaciones pueden decir, y además el vestíbulo original de la misma, si bien hacía tiempo que había quedado relegado a dependencias internas. Se trataba, por tanto, de una estación que, arquitectónicamente, se encontraba en un estado muy parecido al original, a excepción del vestíbulo moderno que se le había añadido, lo que daba pie a la posibilidad de que con una pequeña intervención (básicamente completar algunos tramos con azulejos blancos biselados y recuperar las piezas de cerámica sevillana características del Metro de los años 20) se pudiera tener una estación completa y en uso semejante a las inicialmente diseñadas, lo que hubiera sido de un enorme valor para la ciudad.

Estación de Sevilla antes y después de las obras de «modernización». Los azulejos blancos biselados característicos del Metro han dejado paso al vitrex, que impide distinguir una estación histórica de una construida en fechas recientes. [Fuente: Imágenes del autor]

Tristemente, la estación fue profundamente reformada para adaptarse a las necesidades del nuevo complejo de Canalejas, lo que supuso la destrucción tanto del vestíbulo original como de las galerías y accesos existentes. De nada sirvió la supuesta protección que otorga la Ley de Patrimonio a las estaciones de ferrocarril anteriores a la Guerra Civil, de igual forma que tampoco evito la «vitrificación» el que la zona de andenes estuviera bellamente decorada con azulejos mantuviera un diseño moderno y limpio. Hoy, los azulejos blancos biselados característicos del Metro (esos que ahora se quieren recuperar en algunas partes de Cuatro Caminos como gran guiño histórico) han dado paso a unos paneles de plástico verde pistacho y una estructura moderna que ha desconfigurado y destruido una de las estaciones de mayor interés de la red histórica del Metro. Eso sí, como premio de consolación, un antiguo anuncio encontrado en las obras (en una de las zonas originales de 1924 que estaban tapiadas) sepultado ahora bajo el cristal y rodeado de plástico de colores nos recuerda como debió ser aquella estación en un tiempo lejano.

Lo poco que queda de la estación de Sevilla original. Un mural cerámico encerrado bajo cristal y plástico, completamente descontextualizado. [Fuente: Imagen del autor].

Bilbao

La estación de Bilbao es una de las últimas «modernizadas». Al igual que Sevilla, se trata de una estación correspondiente a los primeros años del Metro de Madrid y que nos ha llegado en unas razonables condiciones de conservación, manteniéndose lo que era el vestíbulo original (hoy transformados en un simple intercambiador de galerías) y gran parte de las galerías originales que conducían antiguamente de éste a los andenes, prolongados a 90 metros en dirección a Chamberí. Quizás lo más característico de esta estación era su particular decoración de gresite, que la hacía destacar dentro de las estaciones de la línea 1. Se trataba igualmente de una de las pocas estaciones de dicha línea que no habían sucumbido al despersonalizado vitrex. La instalación del vitrex no solo resta personalidad a la estación, sino que reduce las dimensiones de ésta (donde algunas galerías ya eran bastante estrechas) y desconfigura la parte histórica de la estación, que ahora luce igual que una estación construida en el siglo XXI.

Vista de la Estación de Bilbao antes de la reforma. [Fuente: imagen del autor].

No obstante, dentro de lo malo, se ha optado por restaurar uno de los laterales, antiguo espacio de taquillas y dependencias, del vestíbulo histórico, limpiando y recuperando los azulejos que tenía e instalando algunas fotografías antiguas sobre su construcción. Es un buen paso, al igual que en Sevilla, pero queda muy atrás dentro de las posibilidades de un espacio así y una vez más debe lamentarse que los restos históricos quedan descontextualizados al rodearse de los acabados modernos del vitrex.

Vestíbulo original de Bilbao con el acabado actual de vitrex amarillo. En el centro una de las antiguas dependencias de la estación, con sus azulejos restaurados. [Fuente: Metro de Madrid ]

Sobre el autor
Historiador y politólogo especializado en investigación del patrimonio cultural y en historia de los transportes.

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2 thoughts on “El Patrimonio Histórico en Metro de Madrid (1)

  1. Desafortunadamente a nadie le importa este tipo de patrimonio, solo a nosotros los frikis del metro y del transporte. Pero la mayoría de la gente ni se da cuenta de que han reformado una estación, es solo un sitio por el que pasas todos los días, con el estrés del trabajo. Y hasta odias la estación porque verla te recuerda las mil veces que pierdes el tren por un pelo y tienes que espera 5 minutos el siguiente.

  2. Una auténtica pena y una barbaridad lo que se ha hecho con estas estaciones de la línea 1 así como con las cocheras de Cuatro Caminos. No saben conservar nada histórico, son un auténtico desastre y deberían de pagar por ello. No me explico cómo se puede ser tan i útil y tan bestia con estas cosas que forman parte del patrimonio de todos.