Madrid en un universo paralelo (1): Autobuses, intercambiadores y cercanías

Hagamos un ejercicio de imaginación y asomémonos a un Madrid en el año 2012 pero algo diferente. Una comunidad en la que se hubiera impulsado la movilidad sostenible de forma decidida, al margen de protagonismos políticos y medidas electoralistas. Que hubiera aprovechado las mejores ideas de otras redes de transporte y las hubiese aplicado.

Autobús

Jaime sale de casa y se dirige a la marquesina de autobús de su calle. En el panel electrónico observa que faltan tres minutos para que llegue la línea que espera. Como va a visitar un lugar en el que nunca había estado, comprueba en el esquema el recorrido que hará su autobús y cómo se llama la parada en la que tiene pensado bajarse. Además, es un esquema integrado de todas las líneas, por lo que comprueba que podría llegar hasta allí en dos líneas. Mientras tanto, un señor compra su billete en la máquina instalada en la parada. En la acera de enfrente, un autobús espera en la cabecera. Su teleindicador electrónico alterna el destino con un aviso de que comenzará el trayecto en 6 minutos.

El autobús llega y los viajeros que quieren subir se acercan a las puertas. Tras dejar salir a quienes se bajan, acceden al vehículo. La parada es muy breve ya que en pocos segundos todos los viajeros están dentro: no hay apenas colas, porque se puede entrar por cualquier puerta, todo el mundo lleva ya su billete y la validación es rápida, gracias a las dos canceladoras de tarjetas sin contacto dispuestas en cada acceso.

Las calles por las que viaja el autobús están atascadas, pero no le afecta gracias a que prácticamente todo el recorrido se realiza en carril bus segregado. De este modo el viaje resulta muy ágil y rápido: el vehículo adelanta con rapidez a los coches que, ocupados por apenas una o dos personas, forman el atasco. Ni siquiera los semáforos bajan la velocidad del autobús, pues la mayoría se ponen en verde sólo para su carril al detectar que se acerca.

Aunque Jaime ocupa el trayecto leyendo, otros pasajeros que no llevan libros o revistas miran por la ventana o se distraen con los reportajes mudos de las pantallas interiores del autobús. Poco después, Jaime escucha que la megafonía anuncia su parada. Al ver en la misma pantalla que su tren no sale hasta dentro de siete minutos, decide que tiene tiempo de devolver su libro en el Bibliometro del vestíbulo.

Cercanías

Entramos en el vestíbulo de la estación, que es un intercambiador de Metro y Cercanías. En la entrada hay una fila de postes con validadoras, y cada viajero acerca su tarjeta a una de ellas casi sin detenerse. La pequeña pantalla le recuerda que no se le ha descontado saldo de la tarjeta, al ser sólo una nueva etapa del viaje iniciado en el autobús. Sólo hay validadoras en las entradas, ya que son las mismas se use el medio que se use.

En el amplio vestíbulo del intercambiador Jaime devuelve su libro en el Bibliometro, identificándose con la misma tarjeta de transporte que ha utilizado para entrar. Junto a este puesto se encuentra el parking de bicicletas, donde cualquier viajero puede dejar la suya de forma gratuita sabiendo que se encuentra en un lugar vigilado y protegido de las inclemencias del tiempo. Por el camino a su andén, Jaime se cruza con un joven que admirado por la infraestructura y el cruce de trenes, hace fotografías. Un vigilante de seguridad le sugiere que conseguirá fotografiar mejor los trenes desde un pasillo concreto.

Las indicaciones para llegar al andén en el que pasa su línea de Cercanías son fáciles e integradas con las del metro. Al llegar a éste, sólo falta un par de minutos para la llegada del tren, y Jaime vuelve a comprobar en el esquema instalado en el andén el recorrido que hará. Aunque es una vía por la que pasan diferentes líneas, el recorrido de la suya está iluminado con pequeños LEDs en el esquema, de modo que no hay pérdida.

El tren hace su aparición y los viajeros con silla de ruedas, coches de niño o bicicleta se acercan a las zonas de piso bajo del tren, perfectamente señalizadas en el andén. En el interior del coche encontramos esquemas de la línea que se recorre, además de un completo plano integrado que recoge, con un sencillo y elegante diseño, toda la red de metro, tranvía y cercanías de Madrid.

La megafonía anuncia las estaciones del recorrido en castellano y en un correcto inglés. Las pantallas además muestran entretenimiento entre estación y estación y algunos datos importantes de cada una de ellas: correspondencias detalladas, funcionamiento de los ascensores…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

18 thoughts on “Madrid en un universo paralelo (1): Autobuses, intercambiadores y cercanías

  1. Me ha encantado tu guiño a la lucha de muchos ante las falsas prohibiciones de tomar fotos en las estaciones, tan de moda los últimos años:

    «Por el camino a su andén, Jaime se cruza con un joven que admirado por la infraestructura y el cruce de trenes, hace fotografías. Un vigilante de seguridad le sugiere que conseguirá fotografiar mejor los trenes desde un pasillo concreto.»

  2. Solo es necesario leer e imaginar, no es descabellado, pero si un sueño parece ser.
    Respecto a lo de la megafonía en Cercanías, hay cosas que se pueden obviar y no pasa nada, por ejemplo si ya dices que son líneas de Cercanías ¿Es necesario añadir la «ce» (C-1 C-2, etc)?
    Y lo del recorrido con Leds… uhm… la idea me encanta y, más aun, me pido diseñarla con simpleza y algunos leds multicolor XDDD

  3. Tampoco lo veo tan difícil. Toda la descripción del autobús ya funciona parcialmente en algunas paradas o combinándolo con un smartphone. Si hace 10 años me lo cuentan, me parecería un cuento. (Manda narices, por cierto, que a día de hoy se pueda saber por internet a qué hora pasa el bus y no el cercanías).

    Añadiría que la tarjeta universal sirviera también para los innumerables servicios de préstamo de bicis que hay por la comunidad de Madrid, que cada pueblo tiene su sistema al que hay que suscribirse.

  4. Este relato es utópico para nuestras administraciones, pero todas estas vivencias son reales en otros lugares. Hasta lo del vigilante ayudando a tomar fotos! Me pasó a mí en primera persona en la estación de Salzburg.

  5. A modo de resumen, cosas que se proponen en este post:
    – Esquemas completos en las paradas de autobús, con todas las paradas e integrados
    – Máquinas de billetes en las marquesinas
    – Teleindicadores de autobús que muestran tiempo de la próxima expedición
    – Posibilidad de entrar por cualquier puerta del autobús
    – Tarjeta sin contacto
    – Dos validadoras en cada puerta
    – Carril bus segregado
    – Prioridad semafórica
    – Integración de información de otras redes en la pantalla del bus
    – Única fila de validadoras en los intercambiadores
    – Sistema tarifario integrado
    – Misma tarjeta para transporte y servicios adicionales (bibliometro)
    – Aparcamientos de bicicletas en los vestíbulos del intercambiador
    – Vigilantes de seguridad que conocen la normativa
    – Cartelería integrada metro-cercanías
    – Esquema de línea en el andén de cercanías
    – Todos los trenes con piso bajo
    – Plano integrado en el interior del tren
    – Megafonía en castellano e inglés
    – Pantallas informativas en los trenes con información de accesibilidad

    La mayoría no son caras, algunas incluso son gratis y otras incluso ahorran dinero. Todas son posibles, no nos hemos inventado nada. Todas se podrían haber hecho en Madrid desde hace años, reduciendo su coste.

    1. Un detalle que me gustó mucho en Düsseldorf (y no he visto en otra red) es la integración de los teleindicadores. En una parada común de tranvía, bus y metro, en los teleindicadores en superficie indicaba cuanto tiempo quedaba para que llegase el metro (además del tranvía y del bus)

      Lo que no estoy tan de acuerdo es con el permitir las dos puertas tanto para entrada como para salida. En Toronto se permite la salida por la puerta delantera, y entorpece bastante la carga de viajeros. Ya se que aquí se permitiría también la entrada por la trasera, pero ya sabemos lo cívico que es el ciudadano medio español, permitiendo siempre salir antes de entrar…

      Respecto a la megafonía en dos idiomas, no lo veo tan necesario, excepto en el caso de estaciones de aeropuerto, tren largo recorrido, o similares. Para las paradas habituales, simplemente repetir el nombre de la parada, no informa demasiado más. Además, si lo que no se entiende es como se lee la parada, se podría ver en los teleindicadores a bordo.

      1. No podemos alegar siempre a «El español es así» para no adoptar medidas. Al ciudadano se le educa y punto.

        En cuanto a la cuestión idiomática, ¿has pensado en los turistas?

        1. No te digo que hubiera que educarle, pero si habilitando solo una puerta de salida y otra de entrada, con dos canceladoras sin contacto y sin venta de billetes, la carga del autobús sería lo suficiente fluida no veo la razón de poner dos flujos de entrada y salida que solo pueden entorpecerse (y además enfrentarse al problema de la educación).

          Respecto a los idiomas, como decía antes, estoy de acuerdo en indicar en inglés las paradas de interesantes para los turistas, como puede ser el aeropuerto, o la estación de trenes (Atocha, «Main station»), o incluso los enlaces con las líneas de metro. Pero indicar el nombre de las calles con acento inglés no apaña nada, teniendo en cuenta que puede leer el nombre de la estación en los teleindicadores (lo que yo he hecho cuando he estado en ciudades cuyo idioma no entendía y me ha resuelto perfectamente la papeleta).

  6. Algunas medidas son caras, como la integración total de redes, y con algunas no acabo de estar de acuerdo (la tarjeta sin contacto puede suponer un problema de privacidad), pero otras son tan sencillas y tan baratas que clama al cielo que no se lleven a cabo.
    ¿Tan difícil es cambiar «Próxima estación: Esperanza» por «Próxima estación: Esperanza. Next stop: Esperansa»?

    1. No entiendo las reticencias a a tarjeta sin contacto. Cierto es que podría ser un arma de seguimiento peligrosa, pero no lo es más que un abono transportes, el cual también identifica las entradas de personas concretas.
      ¿Por qué la tarjeta sin contacto es un peligro y el cupón del abono no?

      1. Simplemente porque el cupón del abono tengo que validarlo yo, mientras que la tarjeta sin contacto puede ser detectada sin que yo lo sepa, no sólo a la entrada del transporte público sino incluso en la calle.
        Hay soluciones, como llevarlas en una cartera que funcione como jaula de Faraday, pero…

        1. Humm… interesante. Había escuchado curiosidades sobre tarjetas RFID que podían ser detectadas mediante equipos ocultos en maletines, etc. Es un asunto que alcanza más allá de los abonos transporte.

          Sin embargo, tengo entendido que para que se transmita la información deben de situarse a una distancia inferior a 15 centimetros. En realidad las RFID alcanzan bastante más distancia, pero en el caso concreto de los billetajes de transporte estaban limitadas a ese alcance para evitar validaciones en falso. Aunque supongo que el límite lo marca el lector, no la tarjeta.

    2. ¿Y que aporta el «próxima estación»? Si estás en el metro ya supondrás que si dicen «Esperanza» te están diciendo cual es la próxima estación, no sugiriéndote que tengas esperanza en el devenir 😛

      Porque para hacerlo más inglés podría ser “Próxima estación: Esperanza. Next stop: Hope” 😛

      Yo soy más de usar la mínima información de forma que sea lo más internacional posible. Si hace falta se dice dos veces el nombre y usar la palabra más internacional posible. La información en general pues vale, en Barcelona te avisan de los carteristas hasta en japonés. Las correspondencias vale, aunque también las hay que parece la lista de los reyes godos, como para repetirlas. Pl. de Catalunya en Renfe, en dos idiomas ya son 45 segundos, y solo dice los números de las correspondencias de cercanias, de metro y ferrocarriles simplemente anuncia que existen, y en Sants son 48 segundos. Eso es un abuso, la verdad.

      http://www.youtube.com/watch?v=U9PP_ye7Oz8

    3. Lo de la megafonía «en perfecto inglés» tiene un motivo, y es evitar bochornosas locuciones como las del tren del aeropuerto y su «Cercanías lines ce-dos, ce-tres, ce-cuatro…» Por eso se han incluido esa propuesta en nuestra particular visión de futuro.

      Luego podremos entrar en materia si es necesario traducir el «próxima estación», o bastaría traducir sólo avisos importantes como «final de trayecto», etc.

  7. Os habéis pasado tres pueblos. Aún suponiendo la existencia de una cantidad infinita no numerable de universos paralelos, dudo mucho que algunas de las cosas de este ejercicio de imaginación se cumplan en uno solo de ellos.

    «Un vigilante de seguridad le sugiere que conseguirá fotografiar mejor los trenes desde un pasillo concreto». Hala, sí, y qué más…

  8. Menuda utopía más fácil de conseguir :). Aunque eso del guardia aconsejando dónde sacacar las mejores fotos me parece ya ciencia ficción :P.

    Por cierto, ¿Cuál es el motivo por el que se instalaron esos postes para validar el billete? ¿Es en Gregorio Marañón, no?