Madrid no es ciudad para peatones

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Madrid es ciudad ejemplo para muchas otras en varios aspectos relacionados con la movilidad sostenible: el diseño de su la red de transportes públicos y el especial cuidado y diseño realizado en casi todos los intercambiadores, ya sean unimodales como multimodales, que facilitan los transbordos entre los distintos modos, permiten al usuario acceder a casi cualquier desplazamiento dentro de la ciudad sin necesidad de usar el transporte privado. Evidentemente, el sistema no es perfecto pero funciona bastante bien, o esa es mi impresión obtenida de todos los desplazamientos que he requerido hacer hasta el momento.

Seguramente muchos ya se habrán dado cuenta, por la forma de escribir el primer párrafo, de que no soy natural en Madrid, es más, ni siquiera llevo un mes residiendo en la ciudad que debe ser mi hogar para los próximos años; quizá es por ello aún estoy fascinado por las fortalezas de la red de transportes públicos o noto en exceso pequeños detalles que me facilitaban la vida y la movilidad sostenible en mi antiguo lugar de residencia y que no se aplican en esta villa.

Los que venimos de la zona próxima a Barcelona, en mi caso lo que se puede llamar la tercera corona metropolitana (zonas 5 y 6 de la ATM) siempre quedamos impresionados de lo que nos falta allí, la red intermodal con buenos intercambiadores de los que ya he hablado, pero también acusamos, y mucho, la ausencia de políticas que favorezcan la movilidad a pie.

En un artículo leído anteriormente en ecomovilidad.net Madrid, de Marta Serrano, se hablaba de las aceras, de lo que exige la legislación de la Comunidad de Madrid para su integración en el itinerario peatonal, preferentemente adaptado, y de las medidas que debían cumplir a lo largo del itinerario para considerarse adaptados… todos ellos aspectos, evidentemente, muy importantes y que deben pensarse para favorecer la movilidad a pie, ya que todos somos usuarios de los itinerarios peatonales, tengamos o no abono de transportes o carné de conducir.

Entonces, ¿por qué digo que Madrid no es ciudad para peatones? Bien, la respuesta se puede resumir en decir que muchos itinerarios peatonales no se explotan todas las soluciones de continuidad posibles. Seguramente muchos ya estarán asustados del resumen hecho, incluso preguntándose que se ha querido decir, pero la realidad es que el resumen es más complicado de entender que lo que quiere decir.

He observado que es habitual en esta ciudad, y ejemplo de la no explotación de todas las soluciones de continuidad posibles en un itinerario peatonal, que al llegar a una intersección de dos calles, de los cuatro posibles pasos de peatones solamente haya tres señalizados, aunque he llegado a ver preparado el vado para realizar la transición entre la cota de la acera y de la calzada en el paso inexistente.

Fijemonos en la siguiente imagen, la que muestra una imagen de lo que quiero explicar: ¿Qué le pasa al peatón que, por el motivo que sea, está en la acera superior de la imagen y quiere continuar recto siguiendo los itinerarios peatonales señalizados? Sencillamente que debe hacer el itinerario en U, es decir usar todos los pasos de peatones habilitados en dicha intersección debido a la falta de uno, el que le interesaba que existiese al peatón de nuestro ejemplo.

Intersección de Avda. Entrevias con c. Mancha (al lado de la estación de Cercanías de Asamblea de Madrid – Entrevías) resulta con solo 3 pasos de peatones. Además tiene espacio preparado para acoger el cuarto paso de peatones. Fuente: Google Maps

En algunos lugares de la ciudad será un mal menor, pero sigue siendo un mal; en cambio en otras intersecciones puede suponer una importante perdida de tiempo debido al gran rodeo que hay que dar: solamente con que la intersección se dé entre dos calles de más de un carril por sentido y reguladas por semáforos, ya tenemos a un peatón que ha perdido varios minutos de su tiempo.

La falta de continuidad no afecta solamente al peatón que, desafortunadamente quiere seguir recto pero ha elegido la acera que no tiene paso de peatones para seguir directamente su itinerario, sino que afecta al resto de peatones ya que muchos de nuestros desplazamientos requieren hacer movimientos en L (movernos como los caballos del ajedrez en las intersecciones), es decir usar dos pasos de peatones.

Sólo con tres pasos de peatones estamos limitados a realizar el desplazamiento solo con un itinerario en L posible, si tuviéramos los cuatro pasos habilitados entonces nuestras opciones se multiplican, ahora son dos movimientos en L los que satisfacen nuestra necesidad.

Este incremento es realmente provechoso para cualquier peatón y más si todos los pasos de peatones están regulados por semáforos. Volviendo a la figura 1, un peatón que quiera hacer un movimiento en L, si solo dispone de una “L” disponible puede que tenga que esperar dos veces, una por cada paso de peatones; sin embargo, dicho peatón incrementa las posibilidades de sólo esperar en uno e incluso no tener que esperar para poder continuar su camino debido a que puede aprovechar mejor la onda verde del semáforo de peatones debido a que tiene dos posibles caminos.

Evidentemente disponer de los cuatro pasos de peatones tiene repercusiones en los giros de los vehículos que usan la calzada, pero mientras una cola de coches tarda bastante en disiparse la cual se crea por la simple presencia de la intersección, la ocupación de la calzada por el peatón es mucho más breve y apenas añade unos segundos de espera extra al vehículo.

Disponer de todas las soluciones de continuidad en cada intersección de la ciudad es una operación que requiere poca obra y, por lo tanto, poca inversión pero que sus beneficios son realmente elevados para la sociedad ya que, como he dicho anteriormente, lo único seguro es que todos somos usuarios de los itinerarios de peatones. Conseguir que en cada intersección de la ciudad se disponga de todos los pasos de peatones posibles conseguimos hacer realidad la máxima, ya expuesta por Marta Serrano, de resolver siempre buscando la facilidad de paso del peatón, el usuario más vulnerable de la red de transportes de la ciudad.

FOTO-BORJABorja Moya es ingeniero Técnico en Obras Públicas, especialidad Transportes y Servicios Urbanos, estudiante del Máster universitario en Logística, Transportes y Movilidad e investigador en formación en Geografía y Transporte.

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11 thoughts on “Madrid no es ciudad para peatones

  1. Otro punto especialmente negativo en Madrid es la zona de Moncloa. Por donde empieza la Avenida de la Princesa, cerca del intercambiador, el semáforo para peatones dura el tiempo justo en el que tardo en cruzar la acera. Gente más lenta que yo se encuentra con la sorpresa de que se pone en rojo justo antes de llegar. Y más atrás, en la avenida del Arco de la Victoria, es imposible cruzar la calle en todo el tramo, hasta que llegas a la plaza Cardenal Cisneros. A ojo, calculo que tienes que recorrerte más de 500 metros para poder cruzar. Supone una enorme pérdida de tiempo para el peatón, ¡pero se benefician los coches!

  2. Hay un punto especialmente peligroso para cruzar la Castellana, desde Miguel Angel a Vitrubio.
    Se te pone verde para cruzar, y al otro lado se ve también gente cruzando y el muñequito verde.
    Pero los coches que suben por la derecha paran, si; más los que van hacia Rios Rosas lo tienen verde y van con ritmo.
    Vale que el peatón lo tiene rojo, pero como viene de verde y al fondo ve gente cruzando hacía él, es fácil que siga andando sin darse cuenta. La mediana tiene ni un metro de ancho.

    Por otra parte, con esto no estoy de acuerdo. Con lo demás si.
    Madrid es ciudad ejemplo para muchas otras en varios aspectos relacionados con la movilidad sostenible: el diseño de su la red de transportes públicos

    El diseño es penoso, se hizo para especular con los terrenos vacios o no adyacentes.

  3. ¿Hay en alguna estadística o estudio sobre el tiempo que duran los semáforos en verde para los peatones con respecto al tiempo que duran para los coches? ¿Y de cómo ha variado en el tiempo? Es que últimamente me da la sensación de que han acortado tiempos para los peatones en muchos semáforos de los que uso a diario, y esto ya sería el colmo de los recortes.

  4. Bienvenido a la ciudad 🙂 espero que disfrutes de la ciudad estos años y que no desesperes con este tipo de cosas que lamentablemente son muy habituales… En Madrid se nos da bien hacer lo difícil y fatal hacer lo fácil y en ese tipo de detalles en los que sólo se fija alguien de fuera es especialmente molesto.

    Tenemos una de las mayores redes de metro del mundo, una Red de cercanías bastante buena e infinidad de autobuses de todas partes a todas partes concluyendo en unos geniales intercambiadores y en cambio no tenemos un sistema tarifario integrado…

    Tenemos autopistas subterráneas pero nos faltan pasos de peatones…

    Tenemos tranvía pero como podría molestar, lo hemos hecho bajo tierra, para que cueste lo mismo que el metro pero de un servicio peor y lleno de curvas.

    Tenemos líneas interurbanas transversales pero a nadie se le ha ocurrido hacerlas coincidir con las estaciones de cercanías con un horario minimamente coordinado… (mucho mejor hacer líneas casi paralelas en distintos medios de transporte).

    Pero en fin, también a veces somos muy autocriticones porque tenemos muchas cosas que solo te das cuenta de que están ahí cuando te faltan.

    Saludos desde las profundidades de sol 😛

  5. ¡Cuántas veces he pensado esto mismo! Hay casos aún peores, como cuando para cruzar una calle con mediana los pasos de peatones de ambas calzadas no están enfrentados y hay que recorrer por la mediana un trecho en sentido contrario al del desplazamiento, perdiendo por supuesto la posibilidad de terminar el cruce en un solo ciclo semafórico. También están los enormes rodeos que hay que dar cada vez que se llega a una rotonda y se pretende seguir de frente. O lo peor de todo, cuando los túneles para vehículos, especialmente por sus prolongadas rampas de acceso y salida, inhabilitan la posibilidad de cruzar una calle durante un larguísimo tramo (véase Embajadores en el tramo de Bolívar a la plaza de Italia, por ejemplo).

  6. La calle Alcalá entre Retiro y Manuel Becerra es impaseable. Como es una diagonal al entramado de calles del barrio de Salamanca, hay que cruzar calzadas constantemente, muchas de ellas con semáforos.
    Y claro, el tener que andar deteniéndose ocrta el ritmo y carga las piernas.

  7. En la zona en la que trabajo hay dos intersecciones que tengo que cruzar si o si para ir del bus a la oficina y viceversa. Ninguna de ellas tiene ni un solo paso de peatones.

  8. Yo siempre maldije al que diseñó los pasos de cebra de Hnos. García Noblejas (entre Alcalá y Julián Camarillo), que no están alineados y siempre toca andar hacia atrás si vas por el lado derecho y quieres cruzar al izquierdo.

    Se da la circunstancia, que para ir desde el Metro de Ciudad Lineal al polígono Julián Camarillo o, al revés, hay que cruzar la calle Hnos. García Noblejas siempre hacia atrás.

  9. de todos los cruces demenciales que tiene Madrid, el peor es sin duda el del comienzo de la Ronda de Atocha detrás del Reina Sofïa. hay una «isla» con parada de autobús que, para acceder a ella desde la acera trasera arbolada del RS, hay que dar un inmenso rodeo hasta la próxima cebra. el resultado es el lógico: la gente cruza peligrosamente a lo Frogger en vez de andar 100 m estúpidamente

  10. Ese tipo de soluciones son intencionales, no accidentales. La red de calles de Madrid premia al coche frente al peatón, especialmente en las avenidas más grandes. Un caso para mí odioso es la Castellana. Es una avenida que no se puede cruzar de una vez y que en tramos bastante largos ni siquiera se puede cruzar como peatón. Personalmente, el nodo que más me molesta y afecta es el cruce con María de Molina. Para pasar de un lado al otro de la Castellana es necesario cruzarla en TRES veces, porque uno de los semáforos tiene un cruce peatonal más corto en el tiempo que los otros dos para facilitar un giro a la izquierda de coches. Este tipo de configuraciones hace que veamos peatones desesperados cruzar los seis carriles centrales, rodeados por coches — estupidamente creen que el semáforo en rojo para el peatón que cruzaba les exime de cualquier espera.