
Bicis públicas en Tarrasa.
En un artículo aparecido en público el 21 de noviembre de 2011, se puede leer que la bicicleta pública es cara y por eso fracasa. Veamos: todo sistema de transporte público está subvencionado, por lo que decir que un sistema es caro porque necesita subvención es un despropósito.
Comparando el coste real por desplazamiento entre los diversos sistemas de transporte público en Sevilla, con un coste por bicicleta de en torno a los 3.000 euros anuales (incluyendo amortización) y en torno a 10 usos diarios por bicicleta, el coste del desplazamiento se aproxima a un euro. Bastante más barato que el coste real por viaje en autobús urbano (entre 1,5 y 2 euros) o en metro (más de 2,5 euros). Por tanto, en Sevilla, la bicicleta pública no es cara. Menos aún si tenemos en cuanta que dicho coste se paga «en especie», mediante la cesión de espacios publicitarios a J. C. Decaux.

Bicicletas públicas en Sevilla.
¿Por qué son caros entonces los sistemas de bicicleta públicas? Porque se usan poco: si una bicicleta que implica un coste de 3000 euros al año se usase una sola vez al día, el coste por viaje sería de 10 euros aproximadamente. ¡Carísimo! Pues bien, nos enteramos por el citado «balance» de que sólo el 27% de los sistemas de bicicletas publicas en España tienen un uso superior a 1 préstamo diario por bicicleta, y que ¡El 53% tienen menos de 0.25 préstamos diarios por bicicleta! No es de extrañar que cada vez más Ayuntamientos consideren que la bicicleta pública es un fracaso.
¿Por qué ha sucedido esto? Porque el IDAE (Instituto para la diversificación y el ahorro energético) y otras instituciones similares a nivel autonómico, ofrecían y ofrecen subvenciones de cientos de millones de euros a los Ayuntamientos para instalar esos sistemas, sin preocuparse de hacer un estudio previo que garantizase su continuidad. De ese modo, muchos Ayuntamientos aceptaban la subvención, instalaban el sistema y, cuando se acababa la subvención, tenían que cerrarlo.
¿Por qué se embarcaban el IDAE (y otros organismos autonómicos similares) y los Ayuntamientos en estas falsas políticas de promoción de la bicicleta, en vez de subvencionar la creación de redes urbanas de vías ciclistas, u otras infraestructuras mas utiles? Pues probablemente porque se trataba de inversiones que no ponían en cuestión lo verdaderamente importante: Cómo se reparte la via públca entre los diversos modos de transporte.
En realidad no es tan difícil de comprender la situación, basta con mirar alrededor. En el año 2010 había en España 74 ciudades con sistemas de bicicletas públicas y en Dinamarca 3. Por el contrario, en Dinamarca todas las ciudades cuentan con redes de vías ciclistas y en España las ciudades que cuentan con redes ciclistas siguen siendo una excepción. ¿No estaremos empezando la casa por el tejado?