Carsharing y coche compartido: dando un uso sostenible al coche

En ecomovilidad.net estamos convencidos de que sobran coches en nuestras ciudades. Es una cuestión de espacio, contaminación acústica y atmosférica y accidentalidad. Pero también sabemos que en ocasiones el coche es necesario, de modo que el vehículo privado no debe convertirse en un enemigo sino en un medio más que tenga la importancia que merece (mucho menor que la actual) en la ciudad de acuerdo a sus ventajas y las externalidades que produce. Por eso hoy queremos presentar dos formas complementarias de utilizar el coche minimizando sus efectos negativos sobre la ciudad: el carsharing y el coche compartido.

Carsharing: tener coche sólo cuando lo necesitemos… sin poseerlo

En una gran ciudad, la mayoría de la gente no necesita coche para sus tareas cotidianas, como ir al trabajo, a estudiar o a actividades de ocio. Pero siempre hay ocasiones en las que surge la necesidad: tener que llevar a unos familiares al aeropuerto, trasladar unos muebles, hacer una compra grande, ir a algún sitio sin transporte público… Muchos deciden comprarse un coche para utilizarlo en estas ocasiones, ocupando espacio público en la calle para una máquina que pasa días y días sin uso y pagando seguro, mantenimiento y otros costes fijos.

El carsharing es una forma de reducir el número de coches en la ciudad: en vez de que miles de personas tengan un coche cada una para usarlo una vez a la semana, con el carsharing hay una flota más reducida que pueden utilizar cuando lo necesiten. De este modo, la gente ahorra en los gastos del coche (hasta 5000 euros al año, según la empresa Respiro) y en la ciudad hay menos coches. Además, al ser una flota más pequeña es más fácil mantenerla al día en tecnologías que reduzcan las emisiones.

Su funcionamiento es muy sencillo. Sólo tenemos que hacernos socios de una empresa de carsharing, que nos entregará un carnet de miembro. Cuando necesitemos utilizar un coche, podemos reservarlo (llamando por teléfono, a través de internet, con una aplicación en el móvil) e ir a recogerlo a uno de los garajes que la empresa tiene repartidos por la ciudad. Allí el coche se abrirá automáticamente al pasar nuestra tarjeta de socio por su lector. Los coches de carsharing pueden circular por áreas de prioridad residencial y el combustible va incluido: si necesitamos repostar, pagamos con una tarjeta que el coche lleva en la guantera.

El pago es por hora de uso (con tarifas desde 3,5 euros) o por jornada (desde 39 euros), pudiendo utilizarlo entre media hora y una semana. Para ser socio, nos solicitan tener carnet de conducir con al menos dos años de antigüedad.

En Catalunya este servicio lo presta la empresa Avancar, la cual dispone de unos 4.500 abonados, un centenar de vehículos y más de treinta aparcamientos asociados, en Barcelona y Sant Cugat del Vallès. Además, la ATM ofrece a los clientes de carsharing la posibilidad de adquirir una T-Mes de seis zonas al precio de la de una zona. Por su parte, en Madrid encontramos, por ejemplo, las empresas BlueMove Carsharing y Respiro.

Coche compartido: misma ruta, mismo horario… ¿diferente coche?

En los últimos años, muchas empresas se han trasladado a las afueras, donde el terreno es más barato, obligando a sus miles de empleados a salir de la ciudad para acudir a su trabajo. No es extraño ver atascos cada mañana en las carreteras. Filas de cientos de coches con una persona sola en su interior. ¿Cuántos de esos conductores serán compañeros de trabajo y hacen una ruta casi idéntica para ir al mismo lugar? Si dos personas compartiesen coche, habría uno menos en el atasco. En eso se basan los sistemas de coche compartido: poner en contacto a dos personas que hacen el mismo camino para que viajen juntas cada mañana.

Por supuesto, esto es mucho más fácil en grandes empresas o universidades en las que, al acudir tanta gente, no es complicado encontrar dos, tres o más personas con el mismo origen. Compartir coche tiene muchas ventajas, porque al bajar el número de coches los atascos se reducen, así como la contaminación y los ruidos. Para los viajeros supone además un ahorro de dinero (pagan la mitad en gasolina) y tiempo (al reducirse el atasco). Y, por qué no, ayuda a socializar con los compañeros de trabajo o estudio en un entorno menos estricto.

Los sistemas de coche compartido pueden ser de todo tipo. Puede ser un corcho en el pasillo en el que cada uno cuelgue su ofrecimiento o demanda de plazas y la zona desde la que viaja, un departamento de la empresa o universidad que se ocupe de poner en contacto a los trabajadores o una web dedicada a ello como Amovens, Comuto o Conduzco.es.

Las webs de coche compartido también se pueden utilizar para que unas vacaciones nos salgan más baratas, porque en ellas podemos encontrar alguien que vaya a hacer el mismo recorrido de ciudad a ciudad que nosotros.

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